Incertidumbre y elecciones en un mes de abril repleto de elecciones

El mes de abril lleva aparejado un intenso periodo electoral en América Latina. Cuatro países van a acudir a las urnas en esos 30 días en una especie de macrojornada electoral el 11 de abril que involucra a cuatro países: presidenciales en Perú y Ecuador, locales y para Asamblea Constituyente en Chile y segunda vuelta de las locales en Bolivia. Las cuatro votaciones (y siete comicios porque los chilenos contienen tres citas diferentes) están marcadas por la incertidumbre, en realidad una triple incertidumbre:

1-. Incertidumbre por los resultados

 En Ecuador los indecisos rondan el 15% mientras que, en Perú, junto con la fragmentación y la volatilidad, la indecisión es el dato más relevante y supone más de un tercio de los votantes potenciales, casi el 35%.

2-. Incertidumbre por la futura gobernabilidad

No solo hay indecisión sobre los resultados sino también serias dudas sobre la futura gobernabilidad. Dudas que surgen porque la fragmentación y la polarización se alzan como obstáculos para diseñar acuerdos país sólidos y consensos amplios para afrontar los retos e impulsar reformas. En países con extrema fragmentación, con legislativos muy divididos, es necesario apelar al consenso y a forjar alianzas entre las diferentes fuerzas políticas. Pero si a la fragmentación se une una fuerte polarización que divide el panorama político en fuerzas con visiones de país no solo diferentes sino incompatibles, las posibilidades de construir alianzas para la gobernabilidad se reducen. Y eso es lo que ocurre en Ecuador y en Perú.

3-. Incertidumbre por cómo afectará la pandemia en el desarrollo de las elecciones

Por último, la pandemia, que en 2020 fue capaz de proponer comicios presidenciales en Chile, Bolivia y República Dominicana, coloca una sombra de duda sobre la celebración de las consultas en Chile, país que padece a finales de marzo un incremento en la ola de contagios. De hecho, esta situación es la que provocó que la jornada electoral se ampliase de una (11 de abril) a dos jornadas (10 y 11), a fin de evitar aglomeraciones, pero la posibilidad de posponerla (como ya ocurriera el año pasado cuando el plebiscito se trasladó de abril a octubre) ha estado sobre la mesa.

Toda esta situación no hace sino incrementar la sensación de incertidumbre no solo sobre la celebración o no de los comicios y las consultas sino sobre cómo afectará en el resultado final.

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