Renovables, Desarrollo Sostenible e IED en América Latina

El desarrollo sostenible es uno de los grandes retos a los que se enfrenta América Latina. No solo conseguir un elevado crecimiento económico de largo plazo, sino que este sea sostenible social y medioambientalmente. Es decir que, por un lado, disminuya las cifras de pobreza y desigualdad -gracias a una sólida y continuada expansión económica- y que, por otra parte, sea respetuoso con el medioambiente mediante un cambio de la matriz energética hacia las energías renovables.

Esta apuesta por las renovables contiene una doble virtualidad para los países latinoamericanos que son, además, potencias en la producción de este tipo de energías. No solo suponen una contribución a la preservación del medio ambiente, sino que pueden llegar a ser palancas para un crecimiento con desarrollo y, a la vez, transformarse en un imán para la Inversión Externa Directa.

Así pues, el cambio de la matriz productiva y energética en América Latina se convierte en un imperativo no solo por sostenibilidad sino por eficiencia. Por eficiencia porque América Latina y el Caribe se ahorraría hasta 621.000 millones de dólares anuales según un informe del Programa de la Naciones Unidas para el Medio Ambiente, si los sectores de energía y transporte lograran la neutralidad de emisiones para el 2050.

Por sostenibilidad porque actualmente los sectores de energía y transporte representan dos tercios de las emisiones regionales de dióxido de carbono de origen fósil y alrededor de 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Si no se toman medidas, se espera que esas emisiones se dupliquen para mediados de siglo, aumentando hasta 1200 millones de toneladas debido a la demanda creciente de electricidad.

La renovables, que desde 2012 han duplicado su participación en la matriz regional, y junto con la energía hidroeléctrica representaron casi un 54% en 2018, son, además, un sector que se puede convertir en una puerta de entrada para la Inversión Externa Directa (IED) en una coyuntura en la que la financiación externa es más compleja y la llegada de capitales desde el exterior se ha reducido.

La apuesta por la renovables no solo es un elemento capaz de reducir el deterioro medioambiental y dotar de mayor eficiencia a la economía sin que es una herramienta que propicia el desarrollo económico y social: crea nuevos empleos y atrae la IED. De hecho, la inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe viene descendiendo desde 2012, cuando se alcanzó el máximo histórico. Por el contrario, las energías renovables han ido recibiendo cada vez mayor volumen de inversión externa.

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