Latinoamérica ha conseguido, desde los años 90, un éxito macroeconómico: el control de la inflación. La constante subida de precios que golpeó a las economías de la región durante décadas llegó a su fin al comienzo del siglo XXI y hoy es un indicador bajo control. Salvo en momentos puntuales -la crisis de Ucrania en 2022- los rebotes inflacionarios no se han producido y solo países muy concretos (Argentina o Venezuela) han padecido inflaciones elevadas. En la actual coyuntura, el reto ya no es la inflación -que está controlada- sino el elevado costo de la vida y la merma del poder adquisitivo.
1-. El control de la inflación
Tras exhibir niveles de inflación anual por encima del 100% en los años 80 y 90, la inflación en América Latina se ha reducido de manera pronunciada, hasta converger a lo largo del siglo XX con la inflación mundial y con la de Estados Unidos. América Latina cerró el 2025 con una inflación más baja de lo esperado y con la certeza de que sus economías pudieron capear el temporal arancelario desatado por el presidente estadounidense, Donald Trump, que tuvo un impacto menor al anticipado en los precios de la región.
Según el último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la mediana regional de la inflación anual se ubica en un 2,4 % al cierre de 2025, una cifra inferior al 3% previsto por la organización.
2-. El aumento del costo de la vida
La batalla por el control de la inflación es uno de los grandes éxitos de la región desde las transiciones a las democracias en los 80 y las reformas económicas de los 90. Ahora el gran reto es combatir el alto costo de la vida y la frustración que provoca entre la ciudadanía que ve imposible conseguir una mejora en cuanto a calidad de vida debido a la pérdida de poder adquisitivo. El alto costo de vida en América Latina no se explica solo por precios elevados, sino sobre todo por la combinación de salarios relativamente bajos, vivienda cara en ciudades grandes, y menor poder adquisitivo.
En muchos países latinoamericanos, los hogares gastan entre 25 % y 40 % del ingreso en comida, mientras que en economías desarrolladas suele ser menos del 15 %. El costo de la vivienda ha aumentado mucho en las principales ciudades de la región: muchos bienes dependen de importaciones (tecnología, maquinaria, medicamentos). Cuando las monedas locales se deprecian frente al dólar, esos productos se vuelven más caros. América Latina es, además, una de las regiones con mayor desigualdad de ingresos. Esto significa que el costo de la vida no afecta a todos de la misma manera.
















