América Latina ha basado su crecimiento económico en las últimas décadas en el impulso favorable de un bono demográfico en expansión. Esa coyuntura está llegando a su fin, salvo en el triángulo norte de Centroamérica, lo que conlleva desafíos no solo para la expansión económica, sino también para la estabilidad financiera.
No obstante, más allá de los retos que presenta, esta situación también genera oportunidades: la aparición de nuevos sectores económicos, como el de los cuidados, abre la puerta a incrementar la participación de la mujer en el mercado laboral y hace impostergable la aplicación de tecnología para aumentar una productividad que ya no se impulsará a través del bono demográfico.
Hasta ahora, la región se expandía gracias a un bono demográfico que está próximo a agotarse. El bono demográfico será negativo en Chile, Brasil y México para 2050. Además, el envejecimiento de la población supone un incremento del gasto en seguridad social y pensiones. Actualmente, solo el 20% del crecimiento del PIB se explica por la productividad, mientras que el 80% proviene del aumento de horas trabajadas.
El final del bono trae consecuencias económico-sociales y derivadas políticas:
- Menos trabajadores activos y, por lo tanto, menos capacidad de producción.
- Sistemas de pensión y salud expuestos a presión máxima.
- Adaptación del mercado laboral y sistema educativo.
Con el bono demográfico llegando a su fin y un crecimiento poblacional proyectado prácticamente en cero hacia 2050, los países latinoamericanos deberán apoyarse en aumentos reales de productividad para sostener su desarrollo económico.
Instituciones como el FMI (Fondo Monetario Internacional) piden redoblar los esfuerzos para fomentar el aumento de la productividad de la mano de obra, resolver los problemas de gobernanza y de exigencias en regulaciones empresariales. La apuesta por la tecnología para incrementar la productividad debe llevar aparejado iniciativas de inversión en capital humano que se centren en crecimiento económico per cápita pese al descenso del porcentaje de población en edad de trabajar.
Para que el motor de la fuerza laboral siga en marcha será necesario estimular la participación de la mujer, tarea en la que será indispensable que las mujeres estén más integradas a la fuerza laboral. De acuerdo con ellos, la participación femenina en el mercado de trabajo sigue siendo baja, de apenas 52% frente a 75% de la masculina.














