América Latina afronta 2026 con un crecimiento estructuralmente moderado (entre el 2% y el 2,5%), que plantea desafíos para atender las demandas sociales y converger con otras regiones emergentes. La limitada implementación de reformas estructurales, junto con una inversión contenida y tensiones fiscales, explica la persistencia de este escenario, pese a una inflación en retirada.
El último cuadro macro del FMI dibuja para América Latina y el Caribe un avance del 2,4% en 2025 y del 2,3% en 2026, con una senda de desinflación que llevaría el promedio regional hasta 3,6% en 2030. La región se mueve por encima de Europa emergente, pero queda por detrás de Asia y África en el grupo de mercados emergentes y en desarrollo.
En ese marco, América Latina progresa con ritmo moderado, presionada por inversión débil, tensiones comerciales y finanzas públicas exigidas, pero con inflación en retirada a medio plazo.
El FMI prevé para la región 7,6% en 2025, 5,0% en 2026 y 3,6% en 2030, una trayectoria compatible con el alivio de los tipos de interés a medida que se consolide el proceso de desinflación.
México y Brasil, que representan el 60% de la economía regional, tendrán expansiones muy lentas de sus respectivos PIB. Un PIB de México creciendo tan solo un 0,5% en 2025 supone su cuarto año consecutivo de desaceleración. El origen del freno está en las actividades secundarias, el motor industrial del país. El sector secundario permanece prácticamente detenido y varios de sus componentes se encuentran incluso en retroceso.
La cifra del 1 % de crecimiento medio anual entre 2013 y 2024 refleja el bajo rendimiento de Brasil dentro de los BRIC. Desde entonces, el país parece estar sufriendo un problema estructural: la abundancia de recursos naturales y las exportaciones de materias primas van acompañadas de una desindustrialización temprana y un rendimiento mediocre en sectores esenciales como la educación. La comparación con otros cinco países con un PIB per cápita similar hace diez años confirma el bajo rendimiento de Brasil.
Para el próximo año, entre las estimaciones de crecimiento para el resto de las economías destaca Guyana: van desde un 22,4% a un 24%, según el Banco Mundial y la Cepal. El Banco Mundial considera que las naciones que crecerán después de Guyana son República Dominicana (4,3%), Panamá (4,1%), Argentina (4%), Paraguay y Guatemala (3,7%), Surinam (3,4%), Nicaragua (3%), San Vicente y las Granadinas (2,9%) y Colombia (2,7%).
En definitiva, la región prolonga su bajo crecimiento insuficiente para atender las demandas sociales. Lo hace lastrado por la falta de reformas estructurales en materia de mayor competitividad y mejoras de la innovación, la diversificación y capital humano y físico. Una ausencia de reformas que ha colocado a Latinoamérica a las puertas de su tercera década perdida.














